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20.dic.2012 / 11:41 am / Haga un comentario

El chavismo se propagó como incendio veraniego ante el desmoronamiento del bipartidismo que, hasta 1998, respaldó con fuerza hegemónica a los partidos Acción Democrática y Copei.

17 dic, 2012 | Serán historiadores del futuro quienes determinen si lo que surgió en Venezuela en las postrimerías del siglo XX debía denominarse “socialismo del siglo XXI”. Las posibles denominaciones eran tan variadas como los sedicentes politólogos que pretendían etiquetarlo.

Desde luego, como resultó obvio, todas cedieron ante el mote popular que arropó al conjunto con el término de “chavismo”.

El chavismo se propagó como incendio veraniego ante el desmoronamiento del bipartidismo que, hasta 1998, respaldó con fuerza hegemónica a los partidos Acción Democrática y Copei. Éstos probablemente sucumbieron frente a lo que se conoció como “la conchupancia”, una plaga en apariencia inocua que los corroyó por dentro succionándoles las entrañas.

En la actualidad se supone que la conchupancia brota de manera espontánea cuando se reúnen contratistas del gobierno, funcionarios inescrupulosos y, desde luego, los infaltables banqueros que siempre ganan, bajo cualquier régimen y sin que importe el número de quiebras o bancarrotas que dejen a su paso por los negocios públicos.

Son los mismos banqueros que, con pequeñas variantes en sus juntas directivas, se hinchan de ganar millones con manipulaciones cambiarias y especulaciones financieras, alcahueteando a los gobernantes de turno, así se proclamen enemigos del capitalismo.

Los investigadores de nuestra fenomenología social tendrán que dilucidar cómo y por qué el gobierno chavista pudo hacer casi todo lo que quiso desde 1999. La respuesta más simple es que la oposición no existía o estaba turulata. Tras consumar un golpe de Estado que falló por poco, siguieron metiendo la pata hasta la tercera reelección de Chávez.

Finalmente el chavismo se dio cuenta de que necesita una oposición medianamente sensata pues, caso contrario, ésta surgiría de sus propias filas.

Así las cosas, llegamos al clímax de la profecía maya del fin del mundo. Quizás el género humano no se extinga, pero en Venezuela, si los adversarios del gobierno quieren subsistir, tendrán que organizar una oposición lúcida, con banderas propias y líderes honestos y patriotas.  Solo así los respetarán propios y extraños.

Fuente: Sol de Margarita

 

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