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5.sep.2012 / 01:06 pm / Haga un comentario

En el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela - El enlace del Gobierno bolivariano en la entidad regional, Carlos Mata Figueroa, y la Alcaldía del municipio Marcano, lograron la construcción de 28 viviendas en la comunidad El Corral, en Juan Griego, a través de la Coordinación de Obras Públicas del Ministerio de la Defensa en la entidad regional

Nueva Esparta, 5 de septiembre de 2012.- En las costas de Taguantar, del sector El Corral, en Juan Griego, municipio Marcano, durante años han vivido familias de pescadores en condiciones notablemente precarias. Cualquier persona que de una visita a uno de las viviendas improvisadas, en las que habitan estas familias de pescadores, puede certificarlo.

En agosto del año pasado, estos habitantes recibieron la visita de Carlos Mata Figueroa, coordinador del Órgano Superior de Vivienda en el estado Nueva Esparta, acompañado por la alcaldesa del municipio, Marisel Velásquez.

Los representantes del Gobierno bolivariano, al conocer la problemática de estas familias costeras, les presentaron un plan de vivienda. “A los 15 días, ese mismo agosto, comenzaron a hacernos nuestras casitas. Cumplieron lo que dijeron en su visita”, cuenta Eladia Martínez, de 56 años de edad, quien ha vivido en El Corral durante 8 años.

Para Eladia y otras madres del sector, esto es “un sueño hecho realidad”. Las gestiones de Carlos Mata Figueroa y de la Alcaldía del municipio, lograron que el Gobierno bolivariano, mediante la Coordinación de Obras Públicas del Ministerio de la Defensa en el estado Nueva Esparta, construyera 28 casas para esta comunidad.

Condiciones precarias

Los hogares de estas familias neoespartanas, durante décadas, han permanecido bajo techos de cartón o zinc, resguardados del mundo exterior con latas, plástico o palos de madera. “Casitas” que no se sabe cómo se mantienen en pie, salvo por el ingenio de unos hombres y mujeres que erigen, con los medios de los que disponen, paredes y techos para tener un lugar y un hogar.

Los habitantes de esta comunidad ni siquiera tienen baños. La sola satisfacción de sus necesidades fisiológicas representa para ellos una hazaña: deben ir al monte, en medio de la maleza, porque no tienen baños, no hay sistemas de cloacas. Tampoco tienen agua potable. La Alcaldía les lleva camiones cisterna dos veces por semana.

Cuando llueve, deben hacer “maromas”, como comenta Irayn Silva, de 45 años de edad. La lluvia se cuela por las latas de zinc, y les moja los 5 colchones sobre los que duermen 17 personas, en una sola “habitación”.

Y es que estos habitantes costeros tampoco conocen la comodidad que concede la privacidad, pues en una sola vivienda improvisada viven varias familias. “Aquí vivimos cinco familias”, dice Noreny Rodríguez, de 19 años, madre de dos niños, y quien ha soportado estas condiciones durante cinco años.

Viviendas dignas

Cada una de estas 28 viviendas, tiene 77 metros cuadrados. Su estructura la conforman una sala, una cocina, un lavadero, un baño, dos habitaciones, y una habitación principal con baño.

Estas casas se construyeron con materiales como madera, fibra, anime, y se empleó el cemento necesario. Materiales que disminuyen las agresiones al medio ambiente y ponen en marcha una nueva forma de construir complejos habitacionales: en sintonía con la conservación ambiental.

Esta urbanización contará con un tanque de agua de 110.000 litros, y con los sistemas de aguas blancas y servidas, para dignificar la vida de estos neoespartanos.

Burla de la Gobernación

El gobierno de Morel Rodríguez, le construyó a esta comunidad, hace tres años, unas viviendas, de las cuales hoy sólo quedan escombros: las grietas y los troncos de madera podridos hablan por sí solos.

“Nadie pudo vivir aquí, porque a los meses esas casas se estaban viniendo abajo”, con estas palabras, explica Eladia Martínez la inutilidad de esta ayuda gubernamental de la actual Gobernación neoespartana.

Comunidad agradecida

“Muchas gracias. Me siento orgullosa de nuestro Presidente y de Mata Figueroa”, agradece Noreny Rodríguez, la joven madre del sector, por las viviendas que el Gobierno bolivariano les entregará a estas familias.

Las madres del sector contemplan con ojos de esperanza estas viviendas, y sienten “el corazón contento”, porque ven a sus hijos viviendo en “una casa de verdad y bonita”, como describió Alervis Rosivel Carreño, joven madre de tres niños.

 

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